Ayer hablé con C. Me dice que ha caído en una modorra indiferente frente a lo que le rodea, me describe un panorama y estado de ánimo que yo bien conozco y lo mismo de siempre: que me quiere, que quisiera abrazarme, que me extraña; yo le devuelvo las expresiones, pero a veces no sé qué decirle.
Estuve mirando las fotos de C. Descubrí un albúm antiguo. Se ve más bonita en esas fotos, claro está, más joven. Siempre aparece abrazada de la gente. En otras imágenes le aparece en la mirada un dejo de melancólica resignación, como si estuviera pensando, "siempre estaré sola".
-C me dio filo y creo que esta vez es en serio. Cuando esa niña toma una decisión, me parece que es indeclinable. Se fue, ya no más C, no más chateos, no más C. C anhela tanto y sé que su llanto debe de ser copioso. Me preocupa, le puede pasar algo.
-En un rato más iré a darme una vuelta por el cyber. Sé que no encontraré ningún mensaje de C, pero de todas formas iré; la esperanza nunca se va de la vida de las personas, la esperanza de algo distinto, aunque sepamos de antemano que lo que viene es siempre lo mismo, y lo sabemos con certeza, pero la esperanza no se va.
Fui al cyber y C había escrito. Su carta era desesperada -no sé qué hacer, estoy en el abismo, estoy mal- me decía. A la tarde me dejé caer otra vez en el cyber, abrí mi correo y había una larga carta de ella. No era suplicante esta vez, sino reprochadora; me decía que la había herido profundamente, que me amaba, que por eso estaba precisamente dolida, que yo había construido una coraza que ella no podía penetrar y otras lamentaciones. Y todo fue porque yo le dije que ya no estaba tolerando sus victimizaciones, que me hacían sentir culpable, que con culpa ya no estaba dispuesto a vivir. Me dice que no quiere dejarme, pero no para el lamento; la verdad me está fastidiando, al parecer no olvidará fácilmente y entonces todo se perjudicó. Me informó que borró su blog; es muy desalentador eso.
-Hoy hablamos otra vez, seguía ofuscada, yo no sabía qué mierda decirle; había comenzado otra vez con su lluvia de recriminaciones, entonces me di cuenta que prefería cortar el vínculo con ella, pero el hecho de estar otra vez hablando con ella implicaba que el vínculo se había reanudado. Tal vez tenga razón en enojarse, la cosa es que luego del arrebato pudimos hablar, conversar otros temas y al parecer se distendió la escena, ya no estaba enojada o eso aparentaba.
86
9 years ago
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