
Que rico sería vivir en una buhardilla o en un subterráneo, galería de túneles misteriosos, estrechos, pero no tanto. Una cabaña es eso, un subterráneo o una buhardilla, mejor si la cabaña en sí tiene buhardilla y/o subterráneo; mejor aún si la cabaña queda entremedio de árboles, un bosque de eucaliptos o bosque sureño siempre verde.
En la vida real sólo he estado de paso por una cabaña así, sin casi salir de ella. Me imaginé pasando inviernos en esa cabaña, sintiendo el olor de la hierba y de los eucaliptos después de una lluvia torrencial y tomando un café junto a una mujer, la misma que dormía conmigo todas las noches y me acompañaba de día.
En la vida real ya no tengo tiempo, el momento ya se fue, me rasco el escroto y miro el techo de mi pieza: no fotografías en la pared, sólo un afiche para que no se diga y una araña descolgándose directo a mi cara.