Hay varias moralejas en esta leyenda:
de cómo son los poderosos y sus viles actos, de tal forma que nunca confiemos en ellos ya que jamás se preocuparán de nosotros; de lo que es capaz una mujer despechada; de que solamente tenemos, cada uno de nosotros, un solo punto de vista respecto a la realidad, y que hay otro que nunca vislumbraremos; y que las mujeres son benditas en la creación. Si hay otra enseñanza conclúyanla ustedes mismos.

¿Se acuerdan de Tiresias ?. Lo más probable que así, de buenas a primeras, no lo recuerden. Pero tal vez se acuerdan de Edipo, el rey, o Ediporey monarca de Tebas en la Grecia legendaria. Aquel desgraciado que sin saberlo y por una jugada del destino tomó por mujer a su propia madre después de haber matado (también sin saberlo) a su padre Layo. Toda una desgracia ya que todo termina en tragedia. Bueno, en esa historia aparece nuestro amigo Tiresias, reputado sino el más, uno de los hombres más sabios de toda Grecia. En aquella leyenda da muestras de su sabiduría que es tal gracias al poder que tiene para ver en el interior del corazón de los hombres, así como para adivinar el futuro o ver el destino de las personas.
Tiresias era lo que hoy la gente llama "un vidente". Con tales habilidades no nos extrañe que el hombre haya sido todo un sabelotodo. Pero tales habilidades sobrenaturales tuvieron un precio que Tiresias debió pagar con su visión; porque él era ciego. Podía ver más allá de lo que cualquier ser humano alcanza a mirar, pero él era un ciego; sumido siempre en una noche negra y eterna. He aquí el origen de todo eso: de su videncia, de su sabiduría y de su ceguera.
Cuando joven, digamos unos 20 años, tal vez menos, Tiresias ya mostraba curiosidad por el mundo que lo rodeaba y es así como se transformó en discípulo de diversos maestros que le fueron enseñando los secretos de la naturaleza. Estaba en esa noble ambición cuando un día, camino a alguna ciudad en busca de las preciadas lecciones, sufrió un inesperado accidente. Su marcha en el campo fue interrumpida por un fuerte dolor en el talón; era algo así como dos aguijonazos que de inmediato le afiebraron el pie. Una serpiente de extraño color fue la causante. El animal escapó.
Acongojado ante el peligro de morir por el veneno, el joven apretó el paso y cojeando llegó hasta la ciudad. Pidió ayuda, precisamente, al sabio que sería su maestro ya que además era un reputado médico. Fue sanado mediante diversos ungüentos que le hicieron bajar la fiebre y le deshincharon el pie. Aunque sanado no es la palabra, simplemente salvó su vida ya que el veneno le provocó una singular enfermedad que fue manifestándose poco a poco.
Al principio, Tiresias no entendía lo que le pasaba: Notaba cambios en su cuerpo, en su voz, su percepción se trastocaba. Al cabo de 2 meses, cual gusano de seda que se transforma en mariposa, Tiresias cambió de sexo y de hombre pasó a ser mujer. El cambio fue total. Ningún rasgo masculino prevaleció. Ya no había pelos en el pecho, ni barba, ni pelos en las piernas, ni pene, ni testículos. En cambio, tuvo vagina, pechos, voz aguda, músculos poco desarrollados, temeroso por su débil constitución, amanerado, histriónico etc .
Cayó en una profunda depresión. Era como si hubiese muerto o desapareciera. Se dió ánimos y fue al mismo médico que le había tratado antes, su propio maestro. Este no tuvo explicación y se confesó incapaz de sanarlo de su mal, pero le recomendó una serie de otros sapientísimos doctores. Fue donde todos ellos y ninguno le dió la deseada medicina. Ya desesperanzado se dijo a si mismo que lo intentaría una vez más y que si esta vez no resultaba, se suicidaría.
CONTINUARÁ.

