Saturday, June 09, 2007

LA SABIDURIA DE TIRESIAS 3 .

Un día en el Olimpo Zeus, el padre de los dioses y su esposa Hera, estaban en otra de sus peleas matrimoniales. Discutían un asunto en el cual ninguno de los dos quería dar su brazo a torcer, lo que es común en los olímpicos debido a su evidente soberbia. La cuestión versaba sobre quien gozaba más con el sexo ¿los hombres o las mujeres?. Hera era de la opinión que quien sentía el mayor placer, llegado el instante más sublime, era el hombre. Según la diosa era eso lo que explicaba la naturaleza infiel del género masculino, y la de su marido por cierto. Tanto era el placer para los machos que el estar casado no era obstáculo ni razón suficiente para privarse de tan grande dicha. Para el padre de los dioses la que llevaba la batuta en ese sentido era la mujer. Su conocida fama de mujeriego era puesta por él como razón para fundamentar su posición. Zeus sabía de lo que estaba hablando, decía él.
-conozco a las mujeres, he visto a un sinnúmero de ellas gozar en el lecho y creo que los hombres estamos muy por detrás en cuanto a placer. Para Hera, las razones de Zeus sólo eran muestra de arrogancia masculina.

Como la cuestión se veía sin resolver, el padre de los dioses propuso consultar a Tiresias, a lo que Hera respondió afirmativamente. El sería el árbitro de tan controvertida disputa. Su sabiduría daría el veredicto final. Tiresias no podía sino saber esto, ya que además de erudito en diversas disciplinas y artes, los dioses estaban enterados de aquel accidente sufrido por el sabio en su juventud. Había vivido como hombre y mujer, tenía los dos puntos de vista. Los esposos juraron por las aguas del rio Estigia que respetarían la desición del sabio.
Tiresias no podía negarse a la petición de Zeus porque hacerlo era malquistarse con el dios más poderoso del Olimpo. No obstante ello hubiera deseado no participar en dicha disputa. Demasiado bien conocía a los dioses y su soberbia, y era sumamente peligroso para un mortal el tomar partido en una querella de esa categoría.
Las dos divinidades estaban ante el árbitro. Los dioses hicieron la pregunta.

-¿en el acto amoroso, quien goza más llegado el momento del clímax?, ¿Los hombres o las mujeres?.
Tiresias respondió de esta forma,

-en una escala del uno al diez, el hombre, llegado el momento más alto de su placer, queda en cuatro -, La diosa Hera presa de su ansiedad se apresuró a preguntar.

-¿y la mujer?-

Tiresias respondió.

-en una escala del uno al diez, llegado el momento sublime, la mujer llega hasta nueve y roza el diez.

Los ojos de la diosa refulgeron de rabia,

-no es posible, gusano mortal-.

Tanta fue la ira divina que con un ademán, Hera lanzó un relámpago a Tiresias y lo dejó ciego. Lo que temía el viejo sabio se había cumplido, nuevamente los mortales pagaban las consecuencias de los actos divinos.


El padre Zeus, sintiéndose responsable por lo sucedido ya que suya había sido la idea de consultar a Tiresias, y habida cuenta de no poder reparar el acto de su mujer, quiso compensarlo y le otorgó el don divino de ver el futuro y leer lo que hay en el corazón de los hombres. Así, Tiresias, siendo ciego podía ver lo que ninguno vislumbra y se transformó en el hombre más sabio de su tiempo.

FIN

PD: Si alguno de los que leyeron esta historia concluye otra moraleja aparte de las que se mencionaron al principio, que lo escriba.

4 comments:

Margarita said...

Moraleja:
Los hombres tienen el don de ver, lo que las mueres no, pero tienen un pequeño error todo lo hechan a perder pues no sienten como nosotras la pasion de entregarse por completo por placer y amor sin usar la razon, los hombres perdieron el sentimiento en algun lado. jeje

Pd. muy bueno tu relato, regresa pronto a mi obscuridad para dejarnos llevar por el placer eterno...bienvenido
Sirenia

caqfss said...

Lamento que en mi primer comentario en el blog, esté en desacuerdo con Sirenia, :-s pero, ¿ Porqué los hombres han de tener la visión de ver, tan sólo por ser hombres?

Akasha Déclenché! said...

Yo no creo en las diferencias entre hombres y mujeres, porque hay quienes nunca en su vida experimentan un placer intenso, mientras que otros se extasían a cada rato, eso es dependiendo de la pasión que le ponga cada ser humano... además, tal vez Tiresias no tuvo una época tan abierta como para aprender lo máximo del erotismo, hay que ver el contexto completo.

Dejo Huellas de Besos con Colmillos... V V

galatea said...

entretenida la historia. No me interesa competir ya que el gozo de uno de los protagonistas se debe tanto al mérito propio como del compañero de actuación.