La tribu del perro salvaje africano no es jerárquica como lo es la manada del León o la jauría del lobo. No hay hembras o machos Alfa, todos cuentan y nadie está de más.
La base de la sociedad del Lycaón Pictus (nombre científico) es la organización, la estrategia y, por sobre todo, una incondicional solidaridad. Todo está cimentado en el cariño mutuo. Los cachorritos son cuidados por toda la jauría, sean machos o hembras, sean o no sus padres. Cubiertos siempre, los pequeños, de lamidos y ternuras, llevan una infancia feliz. Los perros viejos o heridos, incluso los lisiados, jamás son dejados atrás y son alimentados por los demás. No se produce el abandono que sucede en otras especies en que "el menos apto" es botado por inservible. Es una criatura admirable, con gran capacidad adaptativa, que tira por el suelo la malentendida idea de que "en la naturaleza sólo los más fuertes sobreviven" o que la vida es una competencia con los demás, ¿sólo la competencia nos lleva a sobrevivir, progresar y crecer?.
Los Lycaones no compiten entre ellos; son cooperativos y solidarios y no por ello dejan de ser los reyes en el arte de la supervivencia. Tampoco compiten con el medio. El perro salvaje africano no quiere ganarle a nadie, no quiere ponerle la pata encima a otra especie. Sólo cazan; podríamos decir que luchan pero no están en guerra, sólo corren como ellos saben hacerlo. Corren persiguiendo su vida incansables, en un maratón que no acaba sino con su muerte.
La base de la tribu es la ternura, pero observen que la ternura no los hace "blandos" o "débiles". El lycaón no es un animal sumiso. Aprovechando la circunstancia de que el código genético del lycaón es, de todos los cánidos, el más cercano al del perro doméstico, se le ha intentado domesticar para así aprovechar las virtudes que este animalito posee. Todos los experimentos, en ese sentido, han sido desastrosos. El perro salvaje africano es indomable y libre como él solo. Su ternura no hace mella en su rebeldía.
Pero este animal está en peligro de extinción. No se debe a cambios en el clima, por nuevos depredadores o falta de alimento. Su encuentro con el hombre les ha resultado fatal.
El ser humano detesta ver animales como este can, simplemente no los soporta. Pensemos, por un momento, en las ratas que supuestamente son despreciables para el género humano y tantos males le provocan. La cloacas de las ciudades están llenas de ellas. No podemos imaginar a las ratas en peligro de extinción. La rata es como el hombre, se multiplica a full, es devastadora y le gusta la comodidad de la ciudad, ¿será que el hombre desprecia realmente a las ratas?. El perro salvaje africano es demasiado noble para que los humanos lo toleren.
86
9 years ago
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