Cuando decidí ser marino ya era tarde para ello,
tenía mala dentadura,
ya caminaba para otro lado, a la academia,
y empezaba a nacer el perro salvaje corredor,
entonces sólo quedó la contemplación del mar desde tierra
y algunas lecturas y canciones.
Hice deporte para palear la depresión sobreviniente.
Me preparé para lo que venía,
luego entré a la academia insalubre y asfixiante,
escuela para vanidosos,
mas aproveché para soñar.
Como el mar estaba lejos
opté por mirar la montaña
¡cordillera alada¡ - exclamé- serás mi punto de referencia y descanso.
Miré alrededor,
el patio estaba lleno de gente pero no me importó.
Hice unos pocos amigos y llené mi cabeza de canciones.
Como es de suponer,
reparé en un par de féminas
con una aluciné,
con otra me enternecí.
Hubo una tercera que me persiguió, pero perro salvaje no descansó de correr.
La acadenia me acogotó,
no tenía tiempo,
la sabiduría se me iba,
casi me expulsan del edificio;
lloré un par de veces en la academia,
creí que nunca saldría de ahí.
Hubo una cuarta fémina,
muy blanca, de cabello negro,
buenas tetas.
No era de la academia, vivía cerca del mar,
tenía nariz de bruja,
de bruja dulce
y una manera de hablar cancina.
le tomé la mano,
le acaricié la mejilla,
me fijé en su pelo.
Todo se iluminó y pasó lo que pasa cuando el sol relumbra.
Pero hube de volver a la ciudad, tierra adentro digo,
debía egresar de la academía.
Fue entonces cuando apareció la quinta mujer,
también huraña como yo,
una perra salvaje,
ojos ovalados,
pelo duro, coqueta, algo frivolona
y caprichosa.
Creí que se había metido dentro de mí, tal vez fue así.
Sospecho que también yo me metí dentro de ella.
Nos gustamos mutuamente y
nos miramos la líneas de las manos.
Preparamos la fuga y logramos escapar del edificio.
Al salir fuera, miré la calle,
tomé aire puro
y reparé en que todo había sido un "sinsentido",
al fin y al cabo era un perro, el mismo salvaje de antes.
Me acordé de pronto que mucho más atrás de cuando pensaba ser marino,
ya me habían crecido los caninos.
Me alejé de la perra y de la academia,
me fui de la ciudad,
la ciudad, luego, fue destruida y construyeron otra nueva;
la academia también fue demolida y reconstruida.
Desde entonces estoy aquí,
en el faldeo cordillerano
cerca del punto de referencia, mas no descanso,
estoy en vigilia permanente,
le pido a la montaña que me ayude a encontarar la jauría.
¿qué vendrá?
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