Friday, March 26, 2010

PRUEBAS.

¿Vale la pena levantarse y levantar si, al final, la caída sobrevendrá inevitable?

A veces me da por preguntarme si C existió realmente, si tuvo presencia fuera de mi mente (y de mi corazón); no tengo más testigos que yo mismo. C me regaló un libro; tengo ese libro en una repisa en mi pieza; ese obsequio podría ser una prueba de la existencia de C, es decir, prueba de que C existió y de que tuvimos una vinculación y algo más que un diálogo. Pero el libro podría haberlo comprado yo en alguna librería de viejo o en la feria persa, el resto nada más que imaginado por mi cabeza.
Hay alguien que me vio con C; fue el hermano de Víctor, el Lucho, me vio en el barrio Brasil con C; él podría dar testimonio de C. Me acuerdo que, incluso, los presenté.
-C, él es Luis, un amigo del liceo.

-Lucho, ella es C.
Ambos se besaron en las mejillas. Lucho debe acordarse de todo eso. El caso es que él vive fuera del pais y no tengo cómo ubicarlo para confirmar; de hecho ese día andaba de visita acá en Chile ya que, según él me contó, se quedó a vivir en Europa después de un viaje que hizo hace años. Pero Lucho, con toda seguridad, le contó al Víctor (su hermano) que me vio en el barrio Brasil, eso lo sé porque el Víctor me escribió un mail (¿o yo le escribí?).

-Vitoco, vi en el centro a un compañero tuyo del liceo ¿cómo se llamaba este huevón? ese con el que fuimos a la playa ¿te acordai?
-¿El Cristián?
-Si, el Cristián. Lo vi en el centro, en el barrio Brasil, y andaba con una mina tetona. La mina hablaba raro, parecía extranjera.

Le podría preguntar al Victor sobre C, él sería un testigo de oídas sobre la existencia de ella.
-¿Vitoco, te contó tu hermano que el día que me vio en el barrio Brasil yo andaba con una mina? ¿una bajita tetoncita?
-¿una que hablaba raro?
-sii.
-la verdad, Cristián, no me habló de ninguna mina, sólo me contó que te había encontrado en el barrio Brasil, caminando solo.

Una respuesta como esa sería fatal ya que entonces la confirmación de ser yo un orate sería rotunda. Pero Víctor igual no me sirve como testigo, no puedo ubicarlo, menos ahora después de este terremoto asolador.
Cuando C vino a visitarme tomó muchas fotos, en más de alguna aparezco yo, incluso junto a ella; ese material sería suficiente prueba si tan solo otra persona, distinta de mí, lo viera; esa persona me confirmaría la relación o que, al menos, posé junto a C para una foto; porque puede ser que yo sólo me imagine aparecer en esas fotos. ¿Y las cartas que nos escribimos? cientos de mails firmados por C y otros cientos por mí dirigidos a C. Aun en este último caso, la prueba no es contundente porque yo mismo puedo haberme escrito las cartas desde otro mail. Eso me hace recordar que una vez conocí a alguien que hacía precisamente eso, era increíblemente patético y chistoso, era tan inverosímil lo que me contaba, tan ridículo que le creí absolutamente. Este huevón era un sumiso, es decir, alguien que practicaba sadomasoquismo pero asumiendo roles "pasivos", osea, le gustaba que lo sometieran, castigaran, humillaran o basurearan. Se lo pasaba navegando en internet visitando sitios de BDSM y buscando dóminas. Alguna vez, al principio, le resultó la búsqueda y tuvo sus sesiones sadomasos, pero luego ya no y la esperanza de encontrar una sádica dominatrix que le sacara la mierda se difuminó, entonces, cuando todo estuvo perdido, se inventó una identidad femenina, con un correo, perfil y hasta un retrato (la foto de una mina que encontró por ahí en la red) y el pobre se pasaba el rollo de que esa mujer ficticia era su dominatrix y que lo tenía de esclavo en una relación de tipo cibernética, a la distancia, es decir, el llamado sexo virtual. Se escribía con ella largos mails e incluso chateaba, es decir, chateaba y se escribía cartas él mismo el pobre huevón, todo esto lo hacía conscientemente porque no se trataba de una alucinación o cosa por el estilo, el se sabía solo.
Claramente ese no es mi caso, y si fuera yo mismo quien se escribe y se chatea, se trataría de una doble personalidad, estaría irremediablemente orate; no descarto que ese sea el caso. C me dice que el hecho de planteármelo así, de suponer la posibilidad de que yo sea un loco de personalidad múltiple comprueba que no soy orate ya que un orate no se hace esos cuestionamientos, el esquizo simplemente no se da cuenta o no es consciente de su anomalía.

* A cada rato, en la tele, muestran una casa de madera flotando en el agua; es grande y bonita; se la lleva el mar para adentro cuando se recoge después del tsunami. Es muy posible que dentro vayan personas heridas o muertas; si estuvieran vivas se habrían subido a cubierta y harían señas pidiendo auxilio, pero no se ve nada. El cementerio de esas personas será el mar, es como si la imagen de la casa navegando mar adentro fuera una despedida; los vino a buscar Caronte en su balsa.

Un día antes del terremoto tuve un sueño horrible. Me veía haciéndole el amor a unos cuerpos desnudos insoportablemente blancos y tiesos, parecían maniquíes. Estaba chupándole la vagina a una de esas muñecas (eran varias y estaban regadas por el suelo) hasta que me percataba de que no eran maniquíes sino cuerpos humanos reales, cadáveres. Me daba un asco tan grande que me desdoblaba y luego me contemplaba yo mismo por detrás, me veía a mi mismo de espaldas y desnudo mirando, a mi vez, horrorizado a esos asquerosos y blancos cadáveres, pero luego caía en la cuenta de que ese no era yo o de que ese yo que miraba se transformaba en otro sujeto, un fulano desconocido que, igualmente, sentía asco ya que comenzaba a hacer arcadas hasta vomitar encima de las muertitas. ¿Era ese un sueño premonitorio de la tragedia del terremoto?

A pesar de tsunamis, el mar me sigue gustando, lo mismo la costa, hoy en gran parte desolada con gaviotas rastrojeando muertos. Pobre costa, querida y amada costa, tan fresca, tan vital y húmeda.

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