Sunday, March 07, 2010

INSOMNIO.


Es madrugada, de noche, y yo, como ya se vuelve habitual, estoy con insomnio. Apago la luz y mi cabeza se llena de fanstasías, de ideas y de imágenes inverosímiles, por ejemplo:
acabo de inventar una ficción de mi vida, en ella voy caminando por la calle y, de pronto, me encuentro con un saco lleno de billetes; unos asaltantes, huyendo de la policía, lo dejan abandonado; nadie se percata excepto yo. Me llevo el saco a la casa. Cuento el dinero y son 5 millones de pesos; en otra versión son 10 millones y en una tercera hasta 20 millones. Estoy tan feliz con el hallazgo y estaba imaginando, en medio de la oscuridad, las mil cosas que podría hacer con esa platita caida del cielo, sólo cosas útiles que me permitirían respirar tranquilo por un instante y fabricarme un portaaviones desde el cual poder despegar, al fin, hacia un infinito soñado. Pero me canso, enciendo la luz y me pongo a leer una "historia de la filosofía" que tengo encima del velador.
Ya dejé el texto encima otra vez del velador y ahora escribo esto que escribo, me detengo y pienso otra vez en el dinero mágico del saquito. Es curioso que al pensar en lo que podría hacer con esa plata nunca pienso en darme la gran vida sino, más bien, en prolongar por largo larguísimo tiempo una vida modesta y hasta, cierto punto, rutinaria; una vida monacal de modestia espartana con algunas salpicadas de pequeños, y también modestos, placeres.
Mientras escribo esto escucho a mi mamá que se mueve inquieta al otro lado de mi pared y a unas voces juveniles que parecen discutir en la calle frente a la casa; parece que no soy el único con insomnio esta noche.
Hay veces que el sólo hecho de imaginar las fantasias que escribí antes (las de tesoros monetarios caídos del cielo) me proporcionan relajo y laxitud suficiente para dormir tranquilo como si, en efecto, fuera real el encuentro con ese saco de dinero, entonces cierro los ojos y ya no hay ninguna razón o motivo para estar despierto, ni siquiera el hambre porque todo ya fue resuelto y mañana un nuevo día será y comeré rico, compraré lo que preciso, pagaré las cuentas y mi vida será mejor (¿y después de eso? después, mi viaje comenzará). Capaz que hasta me compre un pasaje y viaje a la costa por el día con el único y banal propósito de mirar el mar, ¡como amo esa fantasía¡
Los chicos siguen discutiendo allá afuera, pero ahora más amigables. Mis ojos arden por la soñolencia mas sé que si apago la luz y los cierro no podré conciliar el sueño y todo de nuevo otra vez.

TRES HORAS DESPUÉS :
Y pasé de largo, no dormí en toda la noche. Mi ánimo decae como consecuencia directa del insomnio. Largas noches sin dormir son síntomas de posesión demoniaca según un programa de radio evangélico que escuché, precisamente, esta madrugada. No sé si endemoniado, pero la situación es penosa.

1 comment:

La Fiura said...

Me ha dado una tristeza increíble este texto