En razón de la estadía en Isla negra llevo más de dos semanas sin ver a mi hermana; es extraño ¿habrá sentido ella mi ausencia?, se me figura que estuvo aliviada de no verme; más tarde llega y nos veremos; creo que se fastidiará un poco al verme.
Como todos los años mi mamá hubo de hacerse los exámenes de seguimiento; no dejo de estar preocupado, no quisiera por nada del mundo una sorpresa maligna en este momento de mi media vida y bancarrota.
Ya no quiero, ni espero nada.
MAS TARDE:
Acabo de verme con mi hermana después de dos semanas; de parte de ella sólo hubo un saludo como si tan sólo hubieran transcurrido horas desde la última vez, algo así como un levísimo levantamiento de cejas. Ya no soy importante para ella.
Parece que para C si soy importante. Me escribió una carta, dice estar dolida y triste por nuestra separación y lejanía; los recuerdos de Isla negra la hacen llorar a cada rato. No exagera, lo sé bien.
Fui al cyber en la tarde, pero no encontré a C, no apareció por ningún lado.
Antes de visitarme, C, había colgado fotos en su blog; las miro y las remiro, no dejo de hacerme preguntas sobre ella y su vida allá en el norte, sobre sus dolores ocultos, su pasado que la atormenta de manera feroz. Escucho las grabaciones de su voz que me había enviado (antes de visitarme) y vuelvo a sentirla; me enternezco con su timbre, con su llanto, con la manera que tiene de pronunciar la R, con las fantasías que me cuenta y otras cosas más. ¿Qué tan desequilibrada puede ser ella?, ¿qué tan desequilibrado puedo ser yo al meterme con una masoquista que gusta de ser torturada en una cruz y azotada? .
Al lado de mi cama yacen montones de legajos de apuntes; debería botarlos a la basura, pero no me animo a ello, quedo pegado en el instante de hace diez años, cuando tenía pendiente un examen de grado. Lo poco que aprendí de esa ciencia en mi vida, se encuentra prácticamente desvanecido de mi cabeza y desvanecidos y anacrónicos están los apuntes que aún conservo y que sólo ayudan a la crianza de arañas de rincón; se llenan de polvo y son fiel testimonio de una década desperdiciada y de un inútil y perdedor.
Mañana mi mamá vuelve al hospital a tomarse una radiografía, luego los resultados y veremos, veremos, ansiedad otra vez ¿acaso no habrá nunca paz? ¿y después? cualquiera sea el resultado de esos exámenes médicos cabe la misma pregunta ¿y después?, ¿y después qué hacer?. Lo de Isla negra fue una tregua nada más; no, no fue una tregua, fue precisamente una isla y sólo eso. Yo el aislado, yo una isla en medio del desierto, no soy un mar insondable, sólo unas cuantas rocas en medio de un desierto.
-Me veo la cabeza en el espejo y en la parte de arriba compruebo que tengo unas lagunas casi sin cabello ¡que deprimente es la calvicie¡
-De cada instante de su viaje al sur, C tomó una fotografía; no sólo fueron paisajes, atardeceres (que le fascinan) y personas que encontraba por ahí, sino también follajes de árboles (que también le fascinan), flores, plantas, frutas, espacios cerrados de casas y hoteles, naves de iglesias, interiores de buses, la orilla de las carreteras, manos anilladas, lanchas pesqueras, pies descalzos, portales de casas que le parecían interesantes, el techo de la cabaña, los perros que nos saludaban, lápices, adornos de muebles, gaviotas, pelícanos y pingüinos, etc etc etc. Pretendía capturar los momentos, cada uno de ellos a través de la imagen. Fui testigo de parte de eso y me pareció exagerado; yo y mi tacañería, con la mentalidad de ahorrar municiones porque estamos en una guerra, porque después puede faltar, pero C usa una cámara digital y, aunque en ese caso igual las baterías serían motivo de ahorro, es distinto, distinto a las viejas cámaras con rollos que yo uso. Hizo varios álbumes y le quedaron muy bonitos; pude repasar fácilmente el periplo que hicimos en Isla negra; es reconfortante verlas y saber que hay un testimonio, un medio que acredita que aquello no fue una ficción. Claramente C es más fotogénica que yo, me inspira mucha ternura cada vez que la veo. En algunas de esas fotografías aparezco: viejo, incipientemente calvo, ojeroso, con cara de cansancio, un ser que me produce aborrecimiento.
-Hoy hablé con C en la tarde. Me recordó que ella considera que su personalidad es del tipo "límite", yo recordé que la mía es "por evitación". Cuando ella me habla de su personalidad "límite" siento una advertencia, una señal de que debo estar prevenido, pero no recuerdo cuál es la personalidad límite; lo averiguaré. Si hoy C me recordó eso ha de ser por algo.
-Cuando C empieza a decir que me quiere, que se enamoró un poco, ya no es posible detenerla; lo dice una y otra vez: que me necesita, que desea tocarme, que mi ausencia le duele; todas esas palabras encaminadas a lograr una vuelta de mano, a que yo, a mi vez, le diga que la quiero, que me enamoré un poco, que la necesito, que quiero tocarla.
Antes de los treinta cuando pretendía estar enamorado, sentía la "ebriedad" , el emborrachamiento obnubilante. C es la mujer que más me ha conmovido, con la que he sentido más confianza, con la que me siento solidario; ella sabe cosas de mí que nadie más sabe, se me van casi todos los pudores y vergüenzas con ella y creo que con nadie más me sentiré más libre; ello no quiere decir que me sienta pleno y libre absolutamente con C, no , eso no, C es mujer al fin y al cabo y quiere aprisionar, mandar, someter e ignorar mi esencia. Se me ocurre pensar que esa ebriedad ya no la sentiré, mi vacío es demasiado grande como para andar borracho. C me dice que mi corazón se cerró al amor; C no entiende, C no comprende que ya me enteré de que por ahí no es la salida. ¿O tal vez comprende? C es inteligente, la admiro en verdad, tiene mundo, tiene algo ¿por qué eres así, C? no me lo dijiste nunca, nunca me haces caso, C no me escucha ¿habrá alguna mujer que realmente escuche, que atienda a lo que se le dice?
-C se puso a cocinar para mí en la cabaña, deseaba hacerlo y me lo había anunciado repetidas veces, jugar al ama de casa, a la cocinera. Se veía encantadora concentrada en cada detalle del almuerzo, con el inmenso paquete de su busto, una mano en la cintura, revolviendo tallarines, calentando agua, picando verduras. Cocinó y comimos y tomamos vino, ¡salud¡. A C no le basta que le diga te quiero, te quiero, C.
-A veces encuentro que C está demasiado al borde del abismo, limitando con el fin; me preocupo. C vive la vida, se lanza a ella como tirarse desde un acantilado tan sólo para comprobar lo que sucederá cuando su cuerpo caiga sobre las rocas filudas; se lanza, mas tiene la secreta esperanza de volar, pero cae, siempre cae en forma pesada, sin un rebote; levanta polvo, queda magullada, sin aire en los pulmones, con los ojos rotos y la cabeza dándole vueltas; nunca aprende la lección y vuelve a lanzarse; la voluptuosidad de los golpes, de lo temerario y el riesgo, de la víctima castigada, Jezabel arrojada desde la altura del palacio y el carro de guerra pasando encima de ella; los cascos y las ruedas reventando su cuerpo y su sangre salpicando las paredes de la ciudad antigua; C recibiendo bofetadas en las mejillas, brutalmente violada por una soldadesca egoísta malvada y finalmente colgada de las tetas, desnuda desde un árbol y dejada allí, meciéndose, apretada por un dolor que ella desea acabe con ese otro dolor de los pájaros negros picoteando su cuerpo, devorando su carne de mujer. Pero no hay sangre, la sangre son lágrimas transparentes que hinchan los ojos, que no dejan dormir, que provocan sobresaltos en la noche tranquila dentro de una cabaña en medio de un bosque de eucaliptos en Isla negra a unos metros del estero de Córdova, a unos pasos de la corriente fría de Humbolt, acostada en una cama a unos centímetros de ..........mí.
86
9 years ago
1 comment:
Que lindo escribes.
Post a Comment