En cierta medida me he transformado en un farero; ojo que digo "farero" y no "farrero". El farero no puede moverse de su puesto, siempre pendiente de lo que se observa en el horizonte, con determinadas rutinas preestablecidas, sagradas más que compulsivas; con un ave lisiada por mascota, con los recursos al mínimo y menos aún, una dieta espartana, la pornografía y la lectura incesante por entretención y una bonita atalaya; una vez a lo lejos recibiendo mensajes. Pero no soy farero, no hay mar tempestuoso (está lejos), ni cielos grisáceos y está todo lleno de multitud de gentes que no paran de hablar. A los 36 es ridículo ser romántico.
86
9 years ago
2 comments:
hay que llevar el romanticismo, lo mismo que la pobreza y la vejez, con dignidad, sin vergüenza y culpabilidad.
probando
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