Tuesday, September 16, 2008

FARERO.

En cierta medida me he transformado en un farero; ojo que digo "farero" y no "farrero". El farero no puede moverse de su puesto, siempre pendiente de lo que se observa en el horizonte, con determinadas rutinas preestablecidas, sagradas más que compulsivas; con un ave lisiada por mascota, con los recursos al mínimo y menos aún, una dieta espartana, la pornografía y la lectura incesante por entretención y una bonita atalaya; una vez a lo lejos recibiendo mensajes. Pero no soy farero, no hay mar tempestuoso (está lejos), ni cielos grisáceos y está todo lleno de multitud de gentes que no paran de hablar. A los 36 es ridículo ser romántico.

2 comments:

galatea said...

hay que llevar el romanticismo, lo mismo que la pobreza y la vejez, con dignidad, sin vergüenza y culpabilidad.

Anonymous said...

probando