Hay una mendiga vagabunda, una viajera incansable que a ratos se detiene a mendigar el amor y a llorar verdaderos rios de angustia y desesperación en las esquinas de la noche y en las alcantarillas y túneles;
es una mendiga con los ojos y los pies encallecidos,
un vagabundo-mujer en un oficio de hombres-monjes,
una peregrina que sólo mira el suelo al caminar porque ya no hay nada que ver.
La mendiga viene hacia mí, hambrienta y sedienta;
lo hace sin saber cómo, enloquecida y sin preguntarse;
viene cargando una cruz de pasados y temores,
con una mirada como perdida y suspiros fatigados.
Con esa mendiga vagabunda, con esa mujer tan mujer,
inmunda de obsesiones y desdichas harapientas,
dormiré debajo de un puente oscuro o de una playa ventosa o en un bosque de sacrificos nocturnos.
86
9 years ago
2 comments:
Talvez en un bosque de Eucalipto, cerca de la casa de un poeta.
Ahora suena como un recuerdo.
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