La obsesión compulsiva de ir todos los días al ciber, todos lo días dos veces al día, tres veces, cinco veces, decenas de veces para ver si me ha llegado una carta, para ver si hay alguien allá afuera de éste escenario que esté viendo ésta obra. Esa obsesión compulsiva ya carece de pretexto, ahora es sólo ir abrir las bandejas de entrada y luego cerrarlas. No hay nadie para chatear, ningún aviso, ninguna señal.
Finalmente contesté la carta de Irene; contesté lo preciso y nada más. Irene no vuelve a responder, no responderá y es mejor así.
En las cartas de C no hay ganas, no hay ése apasionamiento, es como si sólo cumpliera con el deber de contestar una carta. Dejo de ser interesante para ella. Fui interesante para C; la pregunta es ¿interesante para qué?.
A veces tengo la sensación de que este es mi último año. No veo futuro hacia adelante, no hay un norte a seguir.
Finalmente contesté la carta de Irene; contesté lo preciso y nada más. Irene no vuelve a responder, no responderá y es mejor así.
En las cartas de C no hay ganas, no hay ése apasionamiento, es como si sólo cumpliera con el deber de contestar una carta. Dejo de ser interesante para ella. Fui interesante para C; la pregunta es ¿interesante para qué?.
A veces tengo la sensación de que este es mi último año. No veo futuro hacia adelante, no hay un norte a seguir.
No comments:
Post a Comment