No hay nada para mí allá afuera, nada que la sociedad pueda darme me satisface, todo me parece vano. Cuando estudiaba (en el liceo, en la U) cuando era joven, no alcanzaba a vislumbrar esta verdad, aunque por momentos sí lo hacía, esos momentos fugaces eran tan microscópicos que no alcanzaban para advertirme; conforme pasó el tiempo esos pequeños momentos crecieron volviéndose grandes y se fueron multiplicando.
Sé que me están llamando enfermo, me lo están gritando a modo de insulto, de increpación. Es gracioso pensar en la carga moral de eso; es gracioso y singular juntar la palabra "moral" con la palabra "enfermedad" ¿es procedente el reproche moral a un enfermo? incluso, a veces, ofende más ser tachado de enfermo que de opresor, asesino, ladrón, egoísta, degenerado etc.
No hay nada para mí allá afuera.
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