Los eucaliptos meciéndose al son de este viento nocturno y marino, los troncos y ramas crujen, hay una voluptuosidad secreta al escucharlas, también la hay al ver la silueta negra de esos follajes en la noche, tan sólo verlos moverse nada más y los crujidos son el lenguaje de los eucaliptos que se lleva el viento a otro follaje y a otro árbol y al mar; es la mejor sinfonía del mundo, la mejor canción, en este lugar ya no se requieren discos ni la radio encendida. Una melodía acompañada del cielo estrellado de Isla negra; a lo lejos se escucha el rompeolas; todo tranquilo; el viento no es frío sólo húmedo, pero C lo siente muy helado porque la brisa siempre hiela, mas a mí me gusta así.
Quedémonos toda la noche, C, tomando aquí arriba en la azotea de la cabaña, hablando al aire libre, toda la noche mirando las estrellas y sintiendo la caricia del viento, quedémonos tirados boca arriba, fumando, borrachos de la noche y del destilado amargo y luego salgamos a caminar en la oscuridad de los caminos sin pavimentar, por las quebradas húmedas llenas de matorrales e insectos nocturnos; caminemos hasta el amanecer, río arriba, por la orilla del estero, o río abajo hasta la playa si lo prefieres; quedémonos dormidos en la arena hasta que salga el sol; vamos, esta noche no hay peligro, no habrá ningún tsunami, vamos no seas así, yo te quito el frío con mi abrazo, llevémonos la petaquita de destilado, vamos a gozar de esta noche ya que no habrá otra.
86
9 years ago
1 comment:
Y yo que pensé que ya no existías, puro egocentrismo.
A mi me parece heroica esa escena, amar la vida, la propia y la de otros, en tiempos de la cultura de la muerte, de una cultura vulgar, muy lejana a Michima. Es una escena hermosa y heroica.
También me gustan los eucaliptus, pero cuando son pocos, no los bosque de los japoneses o de la Mininco.
Cariños.
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