De la mano con C por la calle, Domingo 39 del Floreal en la tarde, feria artesanal del paseo "Estado". De la mano con C por el centro histórico, ella toma fotos con su cámara digital, se vuelve loca con las iglesias antiguas, con la gente pintoresca, con los edificios coloniales, todo detalle llama su atención como si descubriera un mundo nuevo. Cada tanto nos acariciamos, cada tanto nos besamos y mientras el demonio repite incesante en mi oído, una y otra vez: todo es perecedero, todo es perecedero, todo es perecedero, todo es perecedero, todo es perecedero.
C no se siente cansada, yo tampoco y eso que venimos caminando desde el mercado central. Llegamos a la Alameda, llegamos a la plaza Bulnes, nos volvemos a abrazar y besar, nos sentamos en un banco, me emociono con su escote audaz y le manoseo las tetas en público; ella se rie y el pudor aparece en su rostro y el pudor mío aparece.
-es que no me di cuenta, de pronto me olvidé que andamos en la calle y además tus tetas me descontrolan- le digo. Ella se rie, nos reimos, nos abrazamos, nos besamos, decenas, cientos de veces sin aburrirnos. "Todo es perecedero", "todo es perecedero", "todo es perecedero". Somos una isla ahora, dice ella.
C toma más fotos: a las flores, a los árboles de la plaza, a la luna llena grande y casi amarilla de tan blanca cuando sale de detrás del cerro San Ramón. Mira, C, en la cima de ese cerro nevado estuve un día parado mirando la ciudad; sí, me dice, lo sé y hay una laguna allá arriba; y ¿tú cómo sabes eso? (le pregunto), es que lo leí en tu blog ¡poh¡; aah, mira tú, le digo yo. "Todo es perecedero", "todo es perecedero". Y ya nos debemos ir y dar por terminada esa tarde de Domingo porque C debe partir al sur, sola, sin poder yo acompañarla y me pongo triste por eso, porque al final todo perece como dice el genio-demonio en mi oído.
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9 years ago
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