Saturday, December 06, 2008

LA CHICA MÁS LINDA DEL PUEBLO .

Hoy o ayer leí un cuento de Charles Bukowsky, "La chica más linda del pueblo" se titula. Hay un pasaje en ese texto donde el narrador le dice a su amiga (a la "chica linda") que a él "nada le interesa" ni las personas ni la sociedad ni lo que se espera que las personas deban hacer con su destino ni la patria ni alistarse en el ejército para ir a la guerra ni formar familia ni amar ni trabajar ni siquiera odiar. Ya había leído eso en la novela "El cartero" y en "Mujeres". Al narrador de Bukowsky (Que se llama Chinasky) nada le importa, es indiferente, sólo sabe que algún día va a morir como todos y entonces él se sienta a esperar la muerte. La vida es un esperar sentado, ese es el resumen sintético de la cuestión.
Aunque no del todo, me siento identificado con eso de que la vida es esperar, mas yo no bebo o lo hago muy poco por lo que mi espera es más infernal todavía.
Chinasky bebe y escribe como animal mientras no llega la muerte, así atempera su infierno, el infierno es la espera de algo que no llega, que añoramos que llegue, pero que al mismo tiempo tememos que llegue, odiamos que al final llegue y odiamos esperar.
Lo que dice Bukowsky revela coraje, realismo, honestidad, pero también cinismo y farsa y molesta a muchos por eso y se hace odiable. A nadie le gusta que le recuerden que tan sólo somos cucarachas a la vera del camino, al lado de la carretera a la cual salimos a baratear ansiosamente una noche oscura; insectos susceptibles de ser aplastados por un automóvil que transita a toda velocidad y cuando eso ocurre, se acaba de repente el peregrinar de esa cucaracha. El humano se cree muy importante, el rey de la creación, la luz que ilumina, el preferido de dios o de los dioses, pero no es más importante que la piedra o el bicho al lado de la carretera.
Chinasky pretende mirar de frente esa miseria, sin evadirse como todos lo hacen según sus métodos y circunstancias, en un acto de rebeldía de "choreza", de orgullo de macho. No quiere el opio de la vida decente y enrielada y prefiere asumirse vago e inmundo y patán, es por eso que cuando puede elegir prefiere el alcohol y lo prefiere incluso al sexo (que es otra evasión), ya que el sexo es la tentación que invita a someterse. Pero al final, el trago es otro sedante que nubla la vista y que alarga-acorta la espera infernal según nuestra propia realidad, entonces escribe, escribe y escribe y al hacerlo se vuelve cínico e inconsecuente, farsante, un exhibicionista, un llorón que deja al tipo duro y rebelde del ojo apenas abierto transando con el sistema y haciendo lo que todos hacen al final, para esperar sin esperar y contemplar el fin del día como una entrada al paraíso.

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