En la mañana fui a comprar frutas al supermercado; antes le mandé una carta a C desde el cyber que hay al lado del super. Ella no me escribe, se aburre, creo que es tan abúlica como yo o cree que no estoy tan entusiasmado como ella dice estarlo conmigo. Puede ser factible que C sólo esté jugando; como sea tengo ganas de mirar el mar, de culear con ella y de azotarla otra vez. Ella tiene ganas de eso también: de culear y de que yo la azote, y de que miremos el mar juntos, aparte de tomarnos unos tragos. La carta que le escribí tenía algunas putrefacciones autocompasivas, unas tristezas mórbidas que me dispuse a vomitar; necesito de un espectador para ello, para que me confirme que realmente lo hice, ese espectador es C.
Luego de enviarle la carta a C, me metí al super a comprar frutas y pan. En la cola del pan había una negrita joven. Me acerqué para escuchar su acento; hablaba castellano, pero no pude identificar su nacionalidad; sé que peruana no era, no parecía colombiana, tal vez ecuatoriana. La chica era bajita, muy negra, es decir, no era negra sino café, con un color casi rojizo en la piel la que brillaba a pesar de su oscuridad; tenía una pinta muy africana con un peinado de trencitas, llevaba los hombros descubiertos, boca grande, labios gruesos y ojos expresivos, muchas curvas, rellenita, sus tetas no eran grandes, pero en compensación tenía un gran y redondo trasero. Una mujer deliciosa. Pensé en piropearla, decirle por ejemplo:
-Con tanto pan que lleva se le va a arruinar esa figura, pero podía ganarme su enojo, uno nunca sabe. O decirle también, quiero lamer tu choro de negra, tu concha africana, dame esas nalgas, mi negra preciosa, pero uno no puede decirle esas cosas a una mujer, no las puede decir y sin embargo, si se mira bien la cuestión, no son ninguna ofensa, tal vez algo rudo, pero ofensa jamás.
Me imaginé que me habría vuelto loco si aquella morena hubiera tenido la gigantomastia de C ¡que bella son las mujeres¡ no deberían serlo, casi no se puede vivir así, se viviría más tranquilo y con más paz si fuéramos como las amebas, reproduciéndonos por partición, por mitosis nada más. La negrita hablaba con una señora:
-se me pegó la costumbre de los chilenos de comer pan.
-tal vez por el frío que hace en invierno- le dije, la negra me sonrió y dijo:
-siii, el pan con queso y mermelada me gusta mucho y también las tortitas de la Ligua. Por eso te creció el trasero, diosa de ébano, pensé. Hubiera sido genial que sus tetas fueran más abultadas; se veía simpática. ¿Qué tenía esa mina, aparte de ser mujer, en común con C? C es muy blanca de piel, ciertamente no era el color. Se me vino a la cabeza Karina, la cajera del mini-super, tan flaquita ella, tan menudita, narigona y su rostro anguloso, una mina buena onda. Ninguna de ellas parecía tener nada en común.
Después del super volví al cyber a ver el correo. C no había contestado mi mail decadente, veré mañana y espero la vuelta de correo.
Cuando caminaba para la casa me encontré a la gitana tetona, se parece a C; es algo rellenita lo que es raro en una gitana y tiene unos enormes pechos que luce con su escote zíngaro. Le conté a C de esa gitana y de como me pajeo siempre después que la veo.
-por supuesto que me ayuda recordarte, C- le dije.
- si claro- me dice ella.
La gitana es casada, su marido es un cabro joven (como ella, y gitano claro está), siempre anda acariciándola y abrazándola; a mí, por supuesto se me imagina que él es un fetichista tetómano como yo y que en base a eso le gustó y la eligió por mujer y que anda todo el tiempo templado con su señora ...bueno, eso creo.
86
9 years ago
4 comments:
...si te digo que el texto no me gustó, en alguna medida y bastante grande te estoy mintiendo, claro que yo no soy de los que gusta visitar supermercados y menos a buscar pan, sea blanco o negrito, no, yo prefiero los bancos, no solo aquellos donde sentarse a magrear una muchaha o donde guardan billetes, sino especialmente los bancos de sangre, donde la tinta roja y la pitahaya corre a borbollones, de vez en cuando llego a i con pinta de doctor y así me llevo sin problemas 2 o 3 pintas de o positivo, no es que sea mi favorita sino que es la que más abhunda... gracias a ello puedo darme un baño junto a mi condesa… y bueno perro te felicito por el texto, muy delicado, salvaje y preciso tu trabajo narrativo... no sé si te lo creas pero aunque no lo parezca yo también soy perro, al menos perro a la sangre fresca recién extraída, al pie de los colmillos
Hay un lugar aquí en el trópico que se llama Malpaís, está en el océano pacífico. Al lado de Malpaís hay otra playa que se llama Santa Teresa. Todas las personas van a Santa Teresa porque en la playa se puede surfear y nadar, ahí hay hoteles, restaurantes, escuelas de surf...
Mas aunque Malpaís está al lado, se encuentra menos civilización, un par de casas, pescadores, casi nada. La playa se encuentra más bien desierta...
Siempre que voy a esa zona, me dirijo a Mal País, para evitar el contacto con las personas...
Me gusta esa playa porque tiene muchas rocas y sus aguas son claras. El agua golpea las rocas en altas olas y se siente la brisa del mar en la cara. Es como una playa del sur, pero sin el viento helado y sin las algas marinas danzando en el agua.
A veces llueve ahí, claro que sin frío, más bien es húmedo, muy húmedo y caliente.
Siempre me había gustado esa playa, pero ahora me gusta también aquella otra playa de las algas y las flores de primavera.
Estas dos playas son muy diferentes, pero a la vez, tienen una similitud: una la del trópico, una la del sur. Ambas son tormentosas, tienen una furia contenida que revienta a ratos en oleajes, gritando penas antiguas; están cargadas de sal como océanos de lágrimas y además se encuentran lejos una de la otra...
Sin mencionar las rocas, sentadas allí, esperando algo, que quizá ellas no saben que es, dejándose mojar por el agua de mar, añejándose, erosionándose, desintegrándose lentamente...
entretenida y bien contada la historia, lo mejor es lo natural y creíble, y claro, todos pensamos cosas que no se pueden decir en voz alta sin correr el riesgo que nos echén los pacos y a pesar de que esas palabrotas no sean ofensas sino más bien un cumplido, injusticias del lenguaje, prejuicios lingüísticos.
Pero yo vine para que me explicaras esto, a veces el lenguaje, con sus metáforas, no se entiende:
"Las fantasías son fantasías , mas las casualidades no existen y no son fantasía ,
lo que tiene que pasar , sólo pasa , pero yo no me meto ahí porque brujo nunca he sido . "
Chau.
perro... perro...
me hueles, me rastreas, me olfateas...
y llegas, siempre llegas... eso es lo bueno
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