Casi todos los días reviso mi correo para ver si Irene me ha escrito. Ya van seis meses sin recibir nada de ella.
Las últimas partículas de motivación, de ilusión y de energía estaban representadas por Irene, pero eso fue hace mucho, mucho tiempo.
Después de los trienta me empieza a gustar el vino tinto y los cigarritos.
Con Irene me gustaba fumar, era entretenido hacerlo, me daba una pequeña euforia bien modesta.
-¿Irene, tenís un cigarrito que me convidís?, ¿ fumémonos un cigarrito, Irene?.
_ya, bueno, fumémonos uno. Los míos son suaves, son cigarros de mina- me dice ella, moviendo el hombro hacia adelante, coquetonamente.
El cigarro que me convida Irene tiene su perfume, su aroma de colonia mezclado con no sé qué; lo sé porque lo huelo antes de fumármelo. El aroma de ella es tan especial, su pelo siempre está impregnado de él.
Nos conocemos hace tiempo, Irene. Me acuerdo que tu niñita era una bebita cuando me percaté de tu existir; ahora es una adolescente.
Estemos toda una tarde de lluvia, fumando y tomando café ¿te parece?
-Ya, me parece.
-Me imagino que sabías que tú me gustabas, ¿no?
Abres los ojos, grandes y preciosos y me miras sin pestañar, directo, como siempre lo haces ante algo que te sorprende. Tú sabías o debías saberlo, pero ya tenías pareja y eras (eres) muy aterrizada.
Te confesé que soy sadomasoquista porque sabía que eso te alejaría de mí, y resultó, te esfumaste y ya no me escribiste más y no hubo citas en cafeterías. Tal vez esa fue una decisión "masoquista" de mi parte, pero era necesaria. Decidí que ya no me gustas, Irene; ahora ya no se puede.
Soñé tantas cosas contigo dentro que si te contara estoy seguro te reirías a carcajadas. Yo simularía reirme contigo para estimularte, lo que no quiere decir que no gozaría, de hecho estaría feliz, eso siempre me producía tu risa: felicidad y ganas de vivir. ¿Suena cursi?, ¿te incomodan mis palabras? seguro que es así, no creo que entiendas lo que trato de decirte, pero bueno.
Te ves más redonda, Irene, hace cinco años eras flaquita. Se te ven bien las curvas y esa tenida roja te hace resaltar las tetas, antes no se notaban. Descubro a una Irene tetona, una Irene madura de cuerpo pero con la misma cara de niña.
Decidí que ya no me gustas. Me cuesta tomar esta decisión. Creo que yo no te serviría, soy demasiado enajenado y te sé de memoria, lo que no es bueno. Adios Irene. Te mostré un poco de mi abismo, un poquito, y bastó con ese poco para que te alejaras, no me quejo, eso es lo que quería. Perdóname, Irene.
Estemos toda una tarde de lluvia fumando y tomando café. Cuéntame tus anécdotas y aventuras, cuéntame de Esperanza, de tu amiga Paula, de tu ex, de tus viajes; dime si ya encontraste un huevón, ¿cómo es?, ¿qué hace?. Háblame de las frivolidades de siempre ¿a qué le temes?, ¿cuales son tus enfermedades? ¿sigues con los fármacos?.
Cuando ya lances toda tu artillería verbal te diré que decidí que ya no me gustas, que me gustabas antes; te diré adios y que fue lo mejor y chao, sigue por tu sendero y yo seguiré por el mío.
"Dos ratas nunca pueden convivir y mirarse de frente sin terminar por odiarse", ¿te acuerdas de eso? yo me acuerdo y me acuerdo también de aquello de que "Cuando al principio, dos ratas se encuentran, se gustan y se admiran mutuamente".
---------o----------
Trato de tomar los libros y apuntes, ya no para estudiar sino sólo para hechar una ojeada, para mantener en forma mi alicaído intelecto y no puedo, no puedo hacerlo sin tener la sensación de estar perdiendo el tiempo.
Me escribiste, Irene. Te mandé una carta saludándote por el día de la madre y me contestaste. A pesar de que me cuentas algo baladí y de que me preguntas sobre lo que me ha pasado en el último tiempo, tu mail es formal. Me pregunto si he pecado también de formalidad para contigo.
Hace tiempo que no te veo. Estoy seguro de que tu pelo continúa con el aroma de siempre y lo mismo tus mejillas, ¿Será el mismo olor de tu entrepierna?
Me escribiste. No quiero contestarte, pero se que volverás a escribir, preguntándome el por qué de mi silencio, pidiendo cuentas de mi conducta, porque tú eres así, "cada cosa debe estar en su lugar", "todo debe tener el orden correspondiente" y lo que corresponde es que yo conteste a tu pregunta y te diga, cómo estoy, qué estoy haciendo, si me mejoré del sadomasoquismo, si tengo planes, si se me pasó la depresión, si tengo pareja, cuales son mis proyectos y bla, bla, bla, bla.
No quiero contestarte, pero te confieso que eres una obsesión para mí, casi un fetiche, como otros que tengo; incontenibles y desesperantes, depravados y molestos, esclavizantes y dulces.
No te enojes conmigo. A veces yo me he enojado contigo pero no sirve de nada.
Irene, el color miel de tu pelo.
Irene, tu olor especial.
Irene, tu rostro sin maquillar (como te gusta y me gusta) .
Irene, tus carcajadas , tus ojos rasgados.
Irene, la loca y neurótica, la frivolona.
Irene, la arisca, la gata montesa.
Irene, la calculadora, la mujer insoportablemente practica, la que no sueña.
Irene, la mujer conservadora, la revolucionaria de cafetería.
Irene, la farmacodependiente y encubiertamente drogadicta.
Irene, con tus arrebatos de manipulación y bondad.
Irene, la endiabladamente coqueta y hermosa.
Nunca lloras, Irene, eso dices, pero no es así. Cuando llores llámame y nos fumamos un cigarrito.
No sé qué contarte, no creo que entiendas si te cuento que me encuentro en un abismo oscuro y profundo, ya que estar en un abismo es, para tí, una desubicación, un desorden, algo que no está en el lugar correcto en donde debe estar. Estar en un abismo no sirve para nada, y lo que no sirve debe irse a la basura y punto.
Una vez, hace años, pensé que tú y yo hablábamos un mismo idioma o transmitíamos en una misma frecuencia.
Me gustaba tu cabello, Irene.
Creí eso de la igual frecuencia porque soy soñador y me autoengaño. Lo pensé porque, como tú eres arisca y yo un salvaje, entonces sentiríamos igual, pero no sé, parece que estoy errado; tú eres una güiña, una gata montesa, y yo un perro salvaje desgreñado que busca a su jauría.
Ya viene tu cumpleaños y la obsesión compulsiva de saludarte me hará escribirte. Tendremos la misma edad , ¿qué te parece?
86
9 years ago
4 comments:
Toda una historia, verdad o ficción??
me gusta cuando se mencionan las ratas en los escritos
Salvaje Perro
tus letras son ciertamente tentadoras
Un abrazo+
AHOAR SE QUIEN ES IRENE...MUCHA PASION TEXTO POTENTE.. LLENO DE MATICES..¿TE GUSTA LA LITERATURA?
Me gusta este perri lleno de sentimientos cotidianos e intensos
besos erótikos,
E.
Post a Comment